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UNAS PALABRAS SOBRE LA INMIGRACIÓN

Nuestras palabras importan. Tienen poder. Pueden aportar dignidad y humanidad a la vida de alguien. O pueden hacer que alguien se sienta rechazado y destrozado.

En nuestro mundo actual, la gente utiliza las palabras como armas en Internet, o las grita airadamente en la calle mientras protesta por algo que no le gusta. Años de trabajo con personas que han sido presionadas, marginadas y rechazadas por muchos nos han enseñado lo cuidadosos que debemos ser con nuestras palabras.

Junio es el Mes de la Herencia de los Inmigrantes en EE.UU. y sólo tienes que desplazarte unos minutos por las redes sociales para encontrar un montón de palabras para describir a los inmigrantes. Algunas hablan de vida y dignidad y otras desprecian a las personas. Si afirmamos seguir a Cristo, tenemos que cuidar nuestro lenguaje. ¿Hablamos en primer lugar por nuestras opiniones, porque queremos que se nos escuche o porque necesitamos exponer un punto de vista? ¿O estamos dispuestos a poner a la persona en primer lugar, entrar en su mundo y verla como la ve Cristo?

Mientras el mundo se divide a causa de las palabras, quizá podríamos dedicar un momento a intentar comprender los términos. El Salvador tiene una larga historia de emigración de aquí a EE.UU. Muchos salvadoreños llaman ahora a EE.UU. su hogar. Algunos se han ido por nuevas oportunidades económicas, otros han huido como refugiados por miedo. Algunos son indocumentados y otros tienen doble nacionalidad.

Todos son personas, hechas a imagen de Dios.

Pensamos que podría ser útil compartir algunos términos de los que se habla en los medios de comunicación, en la política y en las conversaciones cotidianas. Son términos que han marcado la vida de muchas personas de Centroamérica, de El Salvador, durante décadas. Tómate un momento para leer…

Un inmigrante es alguien que se traslada de un país a otro con el propósito de iniciar allí una nueva vida. Van para echar raíces, establecerse, invertir y hacer de ese nuevo lugar su hogar.

Un emigrante es una persona que está en proceso de trasladarse de un lugar a otro. Esto puede ocurrir dentro del propio país de alguien. También puede ocurrir cuando alguien cruza las fronteras de su propio país a otro. Puede ser una situación permanente o simplemente temporal.

Se llama refugiado a alguien que se ve obligado a huir de su país de origen porque teme sufrir daños o persecución debido a sus creencias religiosas, su origen étnico, su alianza con un grupo social o sus opiniones políticas. Una persona refugiada se enfrenta a una amenaza real y establecida de guerra o violencia.

Un solicitante de asilo es alguien que ha huido de su país de origen y que, cuando llega al país en el que desea quedarse de forma permanente, alega miedo a volver a su país a causa de la violencia o la persecución. Este miedo se debe a la falta de voluntad o a la incapacidad de su gobierno para protegerles.

Muchos salvadoreños en EE.UU. y otros países tienen lo que se denomina Estatus de Protección Temporal (T.P.S.). No se trata de un estatuto permanente, pero protege de la deportación si no pueden regresar a su país de origen por motivos de seguridad.

El tráfico de seres humanos es un delito contra un Estado e implica el acto de ayudar a una persona a cruzar ilegalmente las fronteras facilitándole el transporte o documentación falsa. Un traficante de seres humanos se conoce en el contexto de México y Centroamérica como “coyote”. El tráfico de seres humanos puede convertirse en trata de seres humanos cuando se empieza a explotar a una persona vulnerable.

Otro tipo de delito es la trata de seres humanos. Implica elementos de fuerza, fraude y coacción utilizados para explotar a hombres, mujeres y niños. Se puede traficar con personas mediante trabajos forzados, comercio sexual u otras formas de explotación. Puede implicar o no el cruce de fronteras internacionales, pero siempre es un delito contra una persona y una violación de sus derechos.

Estos son algunos términos básicos para ayudar a poner en contexto algunas cuestiones muy complicadas. Cada caso es diferente, puesto que cada persona es diferente. Sin embargo, toda persona ha sido creada a imagen de Dios y tiene valor y dignidad. Todos necesitan de Él y de Su gracia.

Al tratar de servir a los demás, también podemos tratar de comprender su contexto, de modo que podamos estar en condiciones de compartir el amor y la gracia de Cristo con quienes lo necesitan y de animar a nuestros hermanos y hermanas en Cristo.