El autor salvadoreño-americano Roberto Lovato describe El Salvador como “Un pequeño país de penas titánicas”. Años de guerra, regímenes políticos opresivos, delincuencia, machismo y violencia de las bandas han provocado muchas penas. A pesar de estos traumas culturales y sociales, los salvadoreños siguen siendo muy resistentes, cálidos, cariñosos y amables. El dolor y la belleza coexisten. De hecho, el lugar donde se cruzan el dolor y la belleza es un lugar de oportunidades.
A lo largo de este último año, nuestro equipo se ha ido acercando cada vez más a esa intersección a medida que buscábamos enfoques únicos para abordar estas heridas profundas e históricas, junto con la crisis de salud mental más reciente provocada por la pandemia del COVID-19. Durante años , El Salvador ha sido testigo de rupturas familiares generacionales que han contribuido a las adicciones, a los continuos problemas de violencia, a la trata de seres humanos, a los problemas con los jóvenes, a las bandas, a la pobreza, al maltrato doméstico y a la migración irregular. La pandemia no ha hecho sino aumentar la intensidad de estos problemas y todos los niveles socioeconómicos se han visto afectados.
Entonces, ¿cómo aprovechamos la belleza presente en el dolor? ¿Cómo utilizamos el activo salvadoreño de la resiliencia? ¿Quién mejor para abordar estas cuestiones y ser un catalizador del cambio que los propios salvadoreños?
Hemos encontrado lo que creemos que es la respuesta a estas preguntas en el lanzamiento del Centro de Terapia y Formación para el Cambio. Este programa existe para ampliar nuestra misión actual de “capacitar a los salvadoreños para que hagan realidad sus sueños y persigan su futuro” y nuestra visión tiene dos vertientes. Queremos proporcionar a las personas y familias salvadoreñas de todos los niveles socioeconómicos intervenciones terapéuticas accesibles y de calidad que proporcionen curación, restauración y oportunidades para un nuevo futuro. Más allá de eso, también queremos equipar a los salvadoreños en las áreas de la terapia sistémica/familiar, y queremos que comprendan las intersecciones del trauma y los problemas sociales en El Salvador para que puedan llegar a lugares más profundos de comprensión del trauma y así poder facilitar niveles más profundos de curación.
Nuestra visión es ser realmente un lugar de cambio aquí mismo, en medio del dolor y la belleza. Queremos ver historias cambiadas en las vidas, en los matrimonios y en las relaciones. También queremos capacitar a una nueva generación de salvadoreños equipados para ser poderosos agentes de cambio que comprendan y abracen la belleza y el dolor de la historia de su país, y que comprendan su papel único a la hora de guiar a los demás por un camino más esperanzador y saludable hacia la libertad y el crecimiento.
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