¡Muchísimas gracias a Lilli Wallace, una de nuestras pasantes de verano, por darnos permiso para adaptar el blog de hoy a partir del ensayo de contextualización que escribió a finalizar sus prácticas con nosotros!
Mis expectativas para las prácticas se basaban en mi viaje de corto plazo del verano pasado con mi universidad. Esperaba volver a ver rostros conocidos y estrechar lazos con los clientes y personal de MTES. Esperaba a servir, aprender y adquirir una comprensión más profunda para mi práctica de trabajo social.
Inesperadamente, vi el “otro” lado de las misiones y el servicio de corto plazo. El año pasado vine como parte de un grupo, y este año vi el lado de quienes reciben el servicio. Esto me hizo pensar y evaluar el propósito de ir a servir a otro país cuando realmente no se conoce el idioma. Me hizo reflexionar sobre si el servicio podría convertirse en una barrera y me llevó a reflexionar sobre comportamientos de los que estoy segura de que yo misma he sido culpable. Incluso los comportamientos que surgen de buenas intenciones pueden realmente hacerle daño a una persona fuera del contexto de las relaciones.
Más allá incluso de mis expectativas, las personas con las que trabajé durante mis prácticas de trabajo social me impactaron profundamente. Tuve el honor y la oportunidad de presentar el grupo de apoyo para familias durante una de las actividades de un Encuentro Familiar del Programa Residencial Nuevo Amanecer. Me encantó ver este lado del proceso: la interacción de los muchachos con sus familiares y cómo las familias recibían educación sobre las adicciones y sus efectos en las personas. También pude ver la necesidad de figuras paternas y modelos a seguir para los hombre jóvenes.
Otro grupo de apoyo que me impactó profundamente fue el grupo de mujeres. Una de las mujeres perdió a un hijo y acudió casi de inmediato al grupo en busca de apoyo y cuidado. Ver la manera en que afrontó la situación con las demás personas a su alrededor me ayudó a comprender la resiliencia de una cultura colectivista. Aprendí muchísimo.
Las conversaciones fueron mi parte favorita de toda esta experiencia. A veces, de verdad me preguntaba y reflexionaba en voz alta sobre por qué estaba aquí; me sentí humilde y me evalué a mí misma. Aprendí sobre el país y aprendí a través de nuestro estudio de libros. Leímos Stronger Together, de Maria Garriott, y no podía dejar de pensar en una cita de San Agustín que aparece en el libro: ‘Que todo buen y verdadero cristiano entienda que, dondequiera que se encuentre la verdad, esta pertenece a su Maestro’. Esta cita explicó muchos de los sentimientos que tenía y me ayudó a comprender que toda verdad es verdad de Dios, incluso cuando proviene de instrumentos falibles, ¡lo que, por supuesto, me incluye a mi!
A través del estudio del libro y de diferentes conversaciones, también aprendí muchísimo sobre la iglesia y sobre la manera en que vemos todo a través de nuestro lente cultural. La iglesia no ha encontrado una única manera ‘correcta’ de hacerlo, ¡y hay algo reconfortante en eso! La medida en que permitimos que nuestra cultura determine nuestra visión de lo que debe ser una iglesia puede obstaculizar o aumentar nuestro impacto. No puedo menospreciar la manera en que otras personas adoran simplemente porque es diferente de la mía.
Uno de los grande aprendizajes de todos estos estudios y conversaciones fue la idea de ser ‘inofendible’. Puedo ponerme a la defensiva en conversaciones sobre cultura y no me gusta pensar que soy una personas prejuiciosa, racista o algo relacionado con ello. Aprendí que está bien cometer un error, per no está bien permanecer en la ignorancia. Quiero participar en conversaciones difíciles, pero solo puedo crecer si me involucro en ellas.
Mientras continúo cursando mi carrera de trabajo social, quiero recordar la bondad que me mostraron aquellas personas que no entendían mi español. Me encantó el enfoque de empoderamiento y dignidad que aprendí aquí. Desarrollé una mayor empatía por las personas en los EEUU que no hablan inglés y que tienen que adaptarse a su forma de vida. Realmente he aprendido a ser humilde, y hubo varias ocasiones en las que me sentí incompetente, lenta y poco inteligente. Sé que no lo soy, pero las circunstancias me hicieron sentir así. Ahora entiendo lo que significa salir de mi propia cultura e intentar integrarme en otra. Ahora quiero trabajar en un entorno diverso e intercultural.
El Señor me mostró muchas cosas profundamente relacionadas con la unidad y humildad. He aprendido, y seguiré aprendiendo, el valor de ser humilde. Ser humilde cultural y espiritualmente permite una mayor unidad dentro y fuera de la iglesia.
Dejar de lado mi necesidad de tener la razón ha sido una gran lección, una en la que seguiré aprendiendo y creciendo durante el resto de mi vida. Las personas son más importantes que ser siempre correcta, y estar unidos es más importante que quién tiene la razón.
